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FERIA
DE AGOSTO
Málaga se prepara durante
todo el año para recibir su feria de Agosto, una
de las más concurridas y coloristas de Andalucía,
y que transforma la ciudad entera por unos días.
Los malagueños se esfuerzan en poner talento, entusiasmo,
alegría, trabajo, corazón, y consiguen un
magnífico resultado. Estas fiestas tienen mucho que
ver con esa cara de alegría que ofrece la ciudad.
La feria se divide en dos escenarios: uno
diurno, en la calle Larios y sus alrededores (el centro
de la ciudad) y otro nocturno, en el recinto ferial. La
avenida del Marqués de Larios se viste de fiesta
con miles de guirnaldas. Por encima de ellas se techa la
calle con lonas para proteger a los feriantes del riguroso
sol de verano. |
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El Recinto Ferial se monta al aire libre. En
él se instalan más de 150 casetas, una gran zona
de aparcamiento y un parque de atracciones en una superficie de
500.000 metros cuadrados. El Ayuntamiento malagueño prevé
cada año la colocación de 300.000 bombillas eléctricas,
200.000 farolillos y 150 postes extras de iluminación para
que los asistentes a la feria, una media de cuatro millones cada
año, puedan disfrutar de los espectáculos a plena
luz.
Durante la feria (las dos primeras semanas de
Agosto) se pueden observar las vestimentas típicas folclóricas
andaluzas, sobre todo en las niñas y mujeres. Lo común
y tradicionalmente costumbrista es el vestido de flamenca, de
vivos colores, ceñido al cuerpo y con volantes, además
de mantillas y los accesorios a juego, imprescindibles para completar
el traje de fiesta. Los niños suelen elegir la indumentaria
del señorito andaluz: pantalón negro ajustado al
cuerpo y sostenido por tirantes sobre la camisa blanca; la vestimenta
se complementa con un sombrero negro de ala ancha.
Durante el día, uno de los espectáculos más
tradicionales es el desfile de miles de caballistas, ya sea montados
en sus caballos o en carros o carrozas cuidadosamente ornamentados
con motivos andaluces, muchos colores y muchas flores. Los animales
suelen ser presentados con sus mejores galas. En los últimos
años tal tradicción, de gran arraigo en el pueblo
malacitano, ha sido restringida a algunos paseos por el barrio
de La Malagueta y se impide el acceso de los caballos y carros
al centro de la ciudad, para evitar las molestias que ocasionaban
en la circulación.
Estos festejos no sólo llevan consigo la
necesidad de divertimiento, sino también toda la carga
de una pasión íntima de los malagueños que
se exterioriza durante la feria. Por eso se dice que se trata
de "algo más que una fiesta".
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